Si quieres experimentar con la Integración Continua o derechamente utilizarla en un proyecto de desarrollo de software personal, puedes seguir estos pasos y recomendaciones.

Lo primero que puedes hacer es, a partir de las necesidades de tu proyecto, definir cuáles de las 11 prácticas de Integración Continua vas a utilizar. Por ejemplo, ya que vas a trabajar solo, solo tu vas a realizar commits todos los días, si tu proyecto va a estar solo en un entorno local y no harás paso a producción, si no habrá más stakeholders que tu y solo tu serás el interesado en ver el estado del build, ya podrás despreocuparte de las prácticas 4, 8, 9 y 10.

Luego, un paso fundamental hoy en día para todo proyecto de desarrollo de software, la creación de un repositorio del código fuente. Te recomendamos GitHub (más adelante las razones). Con esto estarás abordando la práctica 1.

Después, es importante desarrollar tests a medida que avanzas con el desarrollo de tu proyecto, o si lo prefieres puedes utilizar la técnica de TDD. Esto es útil para posteriormente incluir la ejecución de dichos tests en el build de tu aplicación.

Y aquí llega una parte fundamental: la elección de un Servidor de Integración Continua. Si quieres puedes instalar Jenkins en tu máquina de desarrollo o utilizar el servicio Travis CI (si escogiste utilizar GitHub). Lo importante es que dentro de las instrucciones del build incluyas la ejecución de tus tests, el servidor se encargará de indicarte luego de cada commit el estado correcto o incorrecto de tu aplicación. Además, debes encargarte de mantener siempre rápida la ejecución de este build. Con estas recomendaciones ya estarás abordando las prácticas 2, 3, 5, 6 y 7.

Finalmente, dependiendo del tipo de aplicación que desarrolles, debes procurar mantener un despliegue continuo de tu aplicación. Así estarás cumpliendo con la práctica 11.